Lo que se pregunta antes de decidir.
Agrupadas por el momento en que la duda aparece.
Probablemente no. Lo que casi todos necesitan es que cotizar, reservar, tomar el pedido o cambiar un precio deje de depender de que una persona esté disponible. La página, cuando hace falta, es una parte de eso y no la cosa entera.
Si contestas las mismas cuatro preguntas todos los días, es para tu negocio. El caso típico no es «no tengo web»: es «el negocio funciona, pero no funciona sin mí».
Sí, y es lo más común. La primera conversación es sobre cómo funciona hoy tu negocio, no sobre qué página quieres.
El taller está en Curicó y trabajo en todo Chile. De los nueve negocios publicados acá hay de Curicó, Linares, Santa Cruz y Santiago.
Depende de cuánto trabajo manual reemplaza, y los rangos están publicados en la página de precios. Lo que más lo sube son las reglas propias —tramos de precio, descuentos por volumen, precio por zona— y las cuentas de usuario. Lo que más lo baja es que el contenido ya exista y que decida una sola persona.
Que me cuentes el proceso como es, no como debería ser. Los precios reales, las excepciones, lo que se hace por WhatsApp a las diez de la noche: eso es lo que hay que programar.
No, pero si los tienes sale más barato y más rápido. Los textos los escribo yo a partir de cómo hablas con tus clientes; las fotos de producto son el cuello de botella más frecuente.
Conmigo. No hay ejecutivo de cuenta ni equipo que traduzca lo que dijiste.
Sí, en una dirección web que puedes abrir desde tu teléfono cuando quieras. No hay entrega sorpresa al final.
Sí, y es la mitad del trabajo. Seis de los negocios publicados acá administran el suyo hoy: cambian precios, publican resultados, abren y cierran horarios y responden solicitudes desde su propio panel.
No. Los paneles están hechos con las palabras del negocio —«balón de 15 kg», «cancha 2», «senior 35»—, no con las de un programador.
Sí, y es lo normal. Maule Norte partió con el pedido de gas y hoy va en su segunda versión, con tienda y club de clientes: se empieza por el proceso que más duele y lo demás se suma cuando el negocio lo pide.
No. Todo funciona en el navegador del teléfono, con abrir un enlace. Ninguno de los nueve pide descargar nada.
Sí, y conviene que lo compres tú, a tu nombre. Si ya lo tienes, se apunta al sitio nuevo sin que el dominio cambie de dueño.
No. El correo y la página son dos cosas distintas del mismo dominio y se mueven por separado: se puede cambiar el sitio entero sin que tu correo deje de llegar un solo minuto.
El sitio se entrega preparado para que Google lo entienda: direcciones legibles, datos estructurados del negocio y contenido que responde lo que la gente busca. Aparecer arriba en búsquedas competidas es trabajo sostenido, no una casilla que se marca al publicar.
Se diseña primero para el teléfono y después para el computador. La mayoría de tus clientes te va a abrir desde el celular, y eso cambia qué va arriba y qué se puede dejar abajo.
No. Construyo el sistema al que llega esa gente; administrar cuentas y campañas es otro oficio y hay quien lo hace mejor.
No. Cada uno de los nueve está programado a medida, porque lo que hay que programar son las reglas del negocio y ésas no vienen en ninguna plantilla.
Sí. Los sitios están publicados y los enlaces están en cada caso: se abren, se usan y se comprueba que hacen lo que digo que hacen.
Se puede, y a veces es lo correcto. Si el problema es que nadie te escribe, cambiar la web no siempre lo arregla: primero hay que ver dónde se cae la conversación.
¿No está la tuya?
Escríbeme y te contesto. No hace falta que sepas qué necesitas.
